Habitus ferviente en el Polígono Espronceda de Sabadell. Cómo el culto pentecostal rearticula la etnicidad y aumenta la autonomía personal y colectiva entre los gitanos

“Entre los creyentes, los proyectos morales se establecen y concretan a través del culto. Esto lo podemos comprender a través del habitus ferviente. Se trata de transformaciones colectivas e individuales, materiales, simbólicas y cognitivas.  La transformación que están sufriendo como jóvenes gitanos que se emancipan y que contemplan un mundo en continuo y acelerado cambio, son respondidas con la transformación de sus cuerpos como efecto directo de su progresiva implicación en la Iglesia de Filadelfia. Una participación que, en algunos casos, comportará una absorción paulatina pero creciente de sus vidas por el ritual diario y por la inmersión en las intricadas y multi interpretables lecturas de la Biblia. Así, esta transformación, que, en sus inicios, fue básicamente urbana es hoy una constante en la vida de los jóvenes –gitanos o no gitanos, conversos o no- y es respondida con otra transformación que es incorporada, transmutándose, la nueva sociedad en la que está entrando y transfigurando a su vez al joven. Porque si, como sostuvo Durkheim, “la verdadera función de la religión […] es hacernos actuar y ayudarnos a vivir”, hoy, respecto al caso estudiado, y gracias a los avances teóricos propuestos por Bourdieu, esto se comprenderá gracias al concepto de habitus ferviente. La adopción de este habitus convertirá a estos jóvenes abismados a la anomia a devenir, no simplemente “un hombre nuevo”, también un hombre que “puede más”, que ve “nuevas verdades ignoradas por los no creyentes” (Durkheim, [1912] 2014:631). Para que se produzca esta transformación, es preciso que este objeto adorado –para los pentecostales, el Espíritu Santo- “desprenda una energía superior a aquella de la que disponemos y que tengamos algún medio para hacerla penetrar en nosotros, añadiéndola a nuestra vida anterior”. Como se puede comprobar, lo que aquí he sugerido en conceptualizar como habitus ferviente, no es otra cosa que este proceso desvelado hace ya más de cien años por Émile Durkheim ([1912] 2014:632).

L’article sencer es pot descarregar des d’aquí:

Fernández, M. (2022). Habitus ferviente en el Polígono Espronceda de Sabadell . Cómo el culto pentecostal rearticula la etnicidad y aumenta la autonomía personal entre los gitanos. Papeles Del CEIC. International Journal on Collective Identity Research, 1 (marzo)(Proyectos morales y nuevas subjetividades religiosas en el espacio público).

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Arqueología del futuro en el barrio El Raval de Barcelona. A propósito de tres inercias del urbanismo tecnocrático y sus efectos indeseables

Miquel Fernández | Maribel Cadenas. Publicado en Revista ACE, febrero de 2021

Este artículo es el resultado de nuestro esfuerzo analítico para comprender cómo se han pensado y practicado intervenciones urbanísticas, extremadamente drásticas, contra el barrio El Raval de Barcelona en períodos formalmente democráticos. Lo que consideramos original de nuestra propuesta analítica es la identificación de una suerte de doxa tecnocrática que habría impregnado el urbanismo –también el barcelonés- desde sus inicios, y que acabará caracterizando el aclamado tanto como discutido “Modelo Barcelona”. La metodología utilizada proviene de la antropología histórica y de la sociología urbana. Nuestro prisma teórico entrecruza perspectivas historiográficas como la biopolítica, sociológicas como la crítica a la ingeniería social y urbanísticas como la reconfiguración del espacio público. Se sostiene aquí que el urbanismo racionalista habría abordado el complejo arte de vivir en sociedad desde fórmulas cartesianas, cómplices en gran medida de la reificación característica de disciplinas positivistas. Consideramos que esta forma de concebir el urbanismo se ha nutrido de presupuestos conceptuales epistemológicamente inconsistentes, simplificadores y, a menudo, autoritarios. La última parte del artículo identifica tres de las inercias sociales que vendrían generadas o impulsadas por la tecnocracia –no solo urbanística: La tendencia obsesiva hacia la normalización y sus perversos efectos; las contradicciones entre las “soluciones” y los “problemas sociales” que se quieren gestionar y, finalmente, la inclinación a considerar la calle como una suerte de campo de batalla y, por tanto, el hogar como un refugio

Conclusiones. La posibilidad de una esperanza

“Si según muestra la razón analítica el mundo no es más que una máquina que funciona autónomamente, si el ser humano no es esencialmente diferente del resto de las estructuras moleculares y el cosmos entero no es más que un juego sin sentido entre combinaciones de átomos, ¿sobre qué podría basarse un orden moral? ¿sobre qué base los individuos aislados entre sí por sus luchas de supervivencia y sus egoísmos pueden llevar a cabo su articulación social, esa solidaridad que hace de ellos una comunidad? Uno de los problemas importantes del pensamiento político del siglo XIX […], es el de la brecha abierta entre los ciudadanos y el Estado que deja al descubierto la falta de legitimidad propia de las sociedades modernas. El problema es encontrar el modo para que de nuevo una comunidad pueda funcionar como una asociación solidaria de ciudadanos cuyo común acuerdo no solo se debe el factor externo y coactivo del control represivo del Estado.” (Sánchez Meca, 2013 pp. 177)

Los recientes cambios en la calle d’En Robador no dejan de asombrarnos. En 2014 se favoreció la instalación de terrazas de bares, básicamente en la plaza Salvador Seguí, y se inauguró un “gastrobar”, La Robadora, que se anunciaba de la siguiente manera: “El próximo jueves 13 de noviembre a las 19.30 h se abrirán las puertas del Gastrobar LA ROBADORA ubicado en medio de El Raval. Nos encontramos en una de las calles más underground, secretas, frecuentadas y diversas de la ciudad. Un verdadero referente histórico de la Barcelona más canalla: Robadors”. [trad. del catalán] También en 2014 nos resultó muy elocuente la situación que vivimos frente al desaparecido Bar Alegría, un tradicional local de alterne reconvertido en galería de arte y agencia inmobiliaria, cuando detenidos frente al local, brotó del interior de la inmobiliaria un hombre interpelándonos con acento italiano y de edad madura. Nos preguntaba si estábamos interesados en vivir allí; les dijimos que sí, pero que –haciendo un papel de agente doble o espía- nos preguntábamos cómo íbamos a vivir allí cuando, en el mismo momento que manteníamos nuestra conversación, la calle estaba en plena ebullición de un viernes tarde, repleta de prostitutas, dealers y consumidores de drogas. Su respuesta nos dejó estupefactos: “esta calle, Robadors, va a ser la nueva mina de oro de Barcelona”. Seis años después, aún con la crisis provocada por la pandemia del COVID19, una vez reabiertos los bares y restaurantes, la calle d’En Robador y alrededores, mantienen la vitalidad de siempre. A diferencia de gran parte del distrito de Ciutat Vella que, con la caída del turismo, parece haberse vaciado. Se han abierto nuevos locales de telefonía, de alimentación y un nuevo restaurante tipo fast-food. Llegados a ese punto, sostenemos que, desde esta forma de concebir el urbanismo, se ha abordado el alambicado arte de vivir en sociedad mediante fórmulas cartesianas, a veces maniqueas y, a menudo, elitistas. Sirva para comprender lo que decimos, la velada crítica que Manuel Vázquez Montalbán vertió sobre los planes del GATCPAC: “Ni siquiera puede ofrecerse el referente real de la ciudad socialista, lo que pudo haber sido y no fue, porque finalmente también se vio condicionada por ideologizaciones de la élite, por la desigualdad de uso al servicio de la élite y por la estética de la élite del poder.” (1993a, p. 110) Hemos advertido, después de años de investigación, que estos urbanismos no sólo avanzaban y señalaban cómo debían ser las ciudades del futuro en “un plano literalmente ideal” sino que ellas mismas eran producto preferente y herramienta fundamental de unas formulaciones del poder principalmente impulsadas por la fiebre del lucro y de la distinción. Hemos mostrado que las grandes dificultades que señala acertadamente Montalbán han persistido en los planes e intervenciones del periodo postfranquista. En ambos casos, nos encontramos de nuevo con la tecnocracia como la gruesa soga negra que une la ciudad lecobursiana entendida como “máquina de habitar”, la ciudad taylorista y la Smart City. Lo que vemos aquí es la remodelación del discurso del poder que tiene su máxima potencia y eficacia precisamente en su capacidad para hacerse invisible. Para ello emplea los juegos de palabras de la supuesta neutralidad de la ciencia, de forma que el último de estos intentos de hacer pasar gatos neoliberales por liebres progresistas, la acríticamente aplaudida por alcaldes de prácticamente todo el espectro político, Smart City, ha refundando la camaleónica habilidad de la tecnocracia para tratar de impedirnos ver la cara más fría y despótica del poder: desacreditar, humillar y enajenar la soberanía popular de su facultad de deliberar y determinar el curso de la ciudad. Y todo esto hacerlo en nombre del gobierno, ya no de los técnicos o ingenieros, sino de la tecnología y los ingenios. A nuestro entender, la crítica al urbanismo tecnocrático aquí expuesta, así como su función de propulsor de las tres inercias glosadas, han acabado determinando su tarea y ha condicionado –y a veces invertido- su voluntad de “mejorar, sanear, rehabilitar o recuperar” El Raval. Estamos plenamente convencidos de que identificar y negociar estas inercias, permitirían redirigir la práctica urbanística hacia el proyecto Ilustrado, o en palabras más modestas, consolidar ciudades más solidarias, autónomas e igualitarias, aunque quizás, no tan “Smart”.

Publicat a ACE, Architecture, City and Evironement, Año 15, núm. 45 (Feb. 2021)

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El significado primero de “trabajar”

Bendito sea el trabajo, dad gracias al señor

El que hoy funciona como el término más genérico en la mayoría de estas lenguas (trabajo, travail, treball, trabalho … ) deriva del sustantivo latino tripalium (a su vez, emparentado con el griego tripassalon). El tripalium consiste en un instrumento compuesto de tres palos a los que se ata a las personas condenadas a un castigo corporal (normalmente esclavos infractores de las normas que los dueños han establecido para ellos). De esta raíz deriva el verbo tripaliare (‘torturar’) y el adjetivo tripaliator (‘torturador’).

Más modernamente, tripalio ha llegado a significar un dispositivo similar, usado esta vez por los herreros para sujetar las patas de los caballos, a la hora de implantarles la herradura. En italiano moderno, travagliare conserva esa acepción de un estado personal asociado a la penalidad y al dolor del preparto. Nuestro trabajo encama la herencia y la integración en un campo semántico más amplio de los significados arcaicos de tortura, penalidad, sumisión, dolor, humillación, agobio, coerción y necesidad. Para reforzar esta idea, basta recordar lo que ha ocurrido en la evolución del griego a propósito del tema que nos ocupa: en el idioma antiguo, doulos significa ‘esclavo’ y douleia se refiere a ‘esclavitud’.
“El trabajo os hará libres”, enseña que daba la bienvenida a los campos de exterminio nazis

Sin embargo, en el latín clásico y en las lenguas directamente derivadas del mismo, nos resulta más difícil hallar esos pares dicotómicos. Más bien descubrimos en ellas unos términos que, a lo largo de la historia, han ido cargándose de polisemia y metamorfoseando su significado dominante. Es lo que ocurre con los vocablos que han acabado imponiendo su hegemonía: trabajo y labor.

Para reforzar esta idea, basta recordar lo que ha ocurrido en la evolución del griego a propósito del tema que nos ocupa: en el idioma antiguo, doulos significa ‘esclavo’ y douleia se refiere a ‘esclavitud’. Pues bien, el griego moderno recurre al término doulia para hablar del ‘trabajo’.

Un proceso análogo y paralelo al del latino tripalium y al del griego doulia se ha desarrollado a partir del vocablo chino arcaico lao, que está en el origen de algunos de los términos más comúnmente empleados en lenguas modernas del Extremo Oriente para referirse al trabajo. En síntesis, a esta raíz lao (penalidad) se le une la de rung (‘moverse; de donde deriva una representación del trabajo asociada a la idea de moverse penosamente o de desarrollar una actividad penosa (ver el Diccionario español de la lengua china de F. Mateas, M. Otegui e l. Arrizabalaga, 1977).

Blanch Ribas, J. M. (2015). Trabajar en la modernidad lndustrial. In J. M. Blanch Ribas (Ed.), Teoría de las relaciones laborales. Fundamentos (pp. 19–148). Editorial UOC.

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“Decididamente, Barcelona es un infierno”

Luís Capdevila resume la impresión que un hombre de orden podía tener del Barrio Chino de Barcelona durante el primer tercio del siglo XX. Narra concretamente la visión de un comisario de policía trasladado de Reus a Barcelona durante este primer tercio del siglo XX. El comisario clama detalladamente contra su nuevo destino

Aquí no se puede vivir. Aquí los pobres policías somos de compadecer porque no tenemos un momento tranquilo para dedicarlo a la familia y al recreo. Aquí somos unas víctimas, unos mártires del trabajo porque tanto de noche como de día estamos demasiado ocupados. La gente honrada no lo sabe y suerte tiene de no saberlo, pero Barcelona es una ciudad llena de ladrones, de estafadores, de asesinos, de corruptores de menores, de “chulos”, de mujeres que no les gustan los hombres, de hombres que no les gustan las mujeres, de locos como cabras que, en lugar de tomar el vermut toman cocaína, de pistoleros que convierten a las pacíficas calles en un campo de batalla, de anarquistas que se pasan la vida tirando bombas como si tiraran naranjas, de chicos de casa buena que no hacen nada bueno, de gente misteriosa que nadie sabe de qué vive, de escritores que en lugar de escribir novelas sicalípticas, que son las únicas que el Gobierno debería de permitir, escriben artículos revolucionarios contra las cosas más respetables, el orden, el comercio, la Banca, la tranquilidad y los buenos alimentos […]. Decididamente, Barcelona es un infierno.

Capdevila, L. (1975). De la Rambla a la presó. Paraula Viva.(1975, pp. 99-100).

Joan Colom, 1965
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L’anarquia és també un canvi lent i generalitzat

Una manera d’entendre l’anarquia és la lluita contra els efectes, més destructius que creatius de la tecnocràcia, de la raó instrumental elevada a única forma d’abordar les contradiccions societatals. En l’anarquisme i en cert reformisme crític -si tal cosa existí- la velocitat i extensió de les transformacions és lenta i àmplia respectivament. Aquí, la coincidència de cert anarquisme amb alguns pensaments de Concepción Arenal és diàfan.

La pasión del bien me arrastraba; pero al estrellarse contra la realidad, sentía el golpe; y recibí, tantos que se templó mi alma, y tuve fuerza para no cerrar los ojos a la luz que los hería dolorosamente: entonces vi una cosa muy sencilla; vi que toda institución humana ha de ser imperfecta como el hombre, y que toda imperfección ha de producir dolor. Acepté, pues, el dolor como una cosa inevitable; comprendí que disminuirle es nuestra obra, y perfeccionarnos nuestro único medio; que toda mejora social tiene que ser lenta, como el perfeccionamiento del hombre, y que esas fórmulas superiores para curar en un día, en una hora, las llagas sociales, eran delirios de la soberbia y sueños del buen deseo

Concepción Arenal, Carta a un obrero
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