Notas sobre la Opinión pública.

mentira

El concepto de “opinión pública” es central en muchos trabajos pero no siempre está desarrollado suficientemente. Quizás cabria hacer una pequeña inmersión en los textos clásicos. Estoy pensando sobre todo en Gabriel Tarde. Tiene un texto canónico que se llama “La opinión pública y la multitud”. El objetivo de esta sección seria ofrecer una definición de opinión pública como hecho social, anterior incluso a los medios de comunicación y especialmente, a los de masas. En este sentido, opinión seria un concepto análogo al de moda. Ambos conceptos concentran una dinámica social típica de reciprocidad: la voluntad de ser reconocidos como miembros de un grupo de referencia que además queremos que sea el de pertinencia y que, al mismo tiempo, queremos destacar en él nuestra individualidad. Nadie mejor que Simmel lo resumió:

“La historia entera de la sociedad podría reconstruirse a partir de la lucha, el compromiso, las conciliaciones lentamente conseguidas y rápidamente desbaratadas que surgen entre la tendencia a fundirnos con nuestro grupo social y a destacar fuera de él nuestra individualidad”  (G. Simmel, 1988, Sobre la aventura. Ensayos filosóficos. Barcelona: Península. Pàg. 27)

Una vez definimos “opinión pública” y cómo funciona, cabe analizar aquí el poder. Robert Ezra Park será uno de los que seguirá esta linea simmeliana y definirá opinión pública como instrumento de Control Social. Estoy pensando también en Foucault y su texto, también canónico “El ojo del poder”. Foucault establece la opinión como instrumento de gobierno en el sentido que la conducta pública estaba sancionada por la opinión. Ésta se consideraba necesariamente buena por ser la consciencia inmediata del cuerpo social entero. El problema para Foucault es precisamente el inmenso poder que han acaparado los media como productores de opinión pública. En este sentido, en la medida que los media tiene un campo propio de luchas que está cruzado por intereses económicos, políticos y culturales, afectan, distorsionan, retuercen y corrompen la opinión pública, que diríamos que era virtuosa por que se entendía como una suerte de cristalización en vivo del contrato social.

De esta manera, una hipótesis con la que podemos trabajar, seria que las redes sociales, idealmente, podrían recuperar esta renovación de la opinión pública sin que esté mediatizada por los grandes medios. Contrariamente, cabe tener presente la cantidad de recursos que estos grandes medios invierten en copar twitter y facebook, los llamados trolls, maquinales o humanos que bombardean con frases fáciles contundentes y convergentes que acaben reenviando al público a la opinión que se está cocinando desde los consejos de redacción y, porqué no decirlo, desde los consejos directivos de las grandes multinacionales, que, si te fijas, son los mismos. Aquí cabria averiguar, quien financia qué diarios y qué medios. El caso paroxístico pueden ser, claro está Berlusconi en Italia o Donal Trump en los EEUU.

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