El nacionalismo no es, se usa. Lectura mínima de Craig Calhoum

Este texto del Calhoum nos deja algunas ideas sugerentes. Primero la construcción de la nación por parte del nacionalismo. Segundo la pobre conceptualizació teórica del mismo; tercero su doble postura cohesionadora y agresiva al mismo tiempo y cuarto, la noción clave, el nacionalismo no es -más que un discurso- si no que se emplea.

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Calhoum nos recuerda que la idea de nación nació y creció de forma paralela a la de democracia siguiendo la inercia de asentar la política sobre la voluntad «del pueblo» no de ningún soberano. En este sentido adherirse a la nación significaba posicionarse contra el tirano al mismo tiempo que contra las otras naciones vecinas. De este modo el patriotismo acontece un arma de doble filo.

Se producía pues un cambio en la lógica de las lealtades. Se pasó de la lealtad al rey a la lealtad a la nación. La autodeterminación en el sentido de autogobierno como de autonomía, se oponía a los tiranos y a las otras naciones. Pero esto facilitaba tender hacia una analogía y es que si la identidad personal – la persona- tenía que ser consistente, la nación tenía que ser coherente. De este modo se establecía un criterio de pertenencia en base a la forma de encajar las diferentes personalidades individuales en una colectiva coherente.

Aquello que resultaba conflictivo era el criterio escogido para establecer los atributos de los miembros de la nación. Unos tendieron hacia la unidad de los pueblos con algún atributo común y otros hacia la distinción entre la uniformidad. Esto comportó una división en las aproximaciones al nacionalismo. Por un lado, el de las naciones estables y consolidadas – el de las naciones europeas occidentales, benigno e integrador, político y cívico- y el de las naciones inestables del este -pernicioso, visceral y populista, «étnico» o «cultural». Fijarons en las coincidencias con las investigacionesd de Llobera

Esta tendencia hacia la nacionalización de las diferencias fue en aumento, de forma que los contrastes que se destacaban entre naciones, empezaban a verse más relevantes que los que podían haber entre el mundo rural y el urbano dentro de un mismo Estado.

El ideal cosmopolita fue incorporado a la idea de Estado-nación. Para ser universal primero se tenía que ser de alguna nación concreta. Declinando las monarquías, la teoría del contrato social requería un estamento superior – la nación- que regulara las relaciones entre los miembros de la misma, siempre supeditados todos al progreso nacional que acontece positivo de manera impensada o acrítica. Todos los miembros de la nación tenían que trabajar para consolidar la nación y hacerla fuerte enfrente otras naciones y con vistas a la mejora de la misma. El patriotismo era pues, hacer mejor nuestra nación.

En este proceso una lengua unificada –y otros criterios étnicos- lograban una gran importancia. Del mismo modo que otras lenguas se consideraban impuras o no bastante primitivas cómo para otorgarles valor. La lengua era el reflejo del espíritu de la gente y si esta no tenía bastante solera, implicaba que sus hablantes tampoco podrían disfrutar del respeto asociado. La lengua pues acontecerá la prueba de la pertenencia a la nación de forma que ésta, junto con la raza, la etnia o la cultura, harán concluir que la nación era un hecho primordial y que el hecho de pertenecer a una nación era inmutable.

Esta nueva definición del local había que introducirla en lo global. El creciente mercado capitalista atribuía a las nuevas configuraciones de gobierno una nueva capacidad organizativa. Esto sucedió cuando la familia o la comunidad fueron perdiendo esta capacidad dado que las relaciones acontecían más y más indirectas e impersonales. Para poder mantener la tensión entre el universal que implicaba la idea de nación y aquello local que se deriva de la idiosincrasia de cada una las naciones, se acuarteló el individuo en la nueva figura del ciudadano. Interpelando al individuo en cuanto que ciudadano se consiguió conceptualizar internacionalmente aquello local. Pedir ser reconocido como nación implica también que los términos en los que uno se conceptualiza como nación tiene que ser reconocibles por la propia nación y también por las otras.

Una vez incrustada la nación en el sistema mundial de naciones, Calhoum se pregunta si hay naciones más «reales» que otras y lo primero que explica que es que ninguna definición de nación ha logrado una aceptación general. Él propone una dividida en dos partes. Parte del presupuesto que la nación es una invención de los nacionalismos

Existen sólo cuando sus miembros se conciben en sí mismos desde el marco discursivo de la identidad nacional y, normalmente, se consolidan en las luchas sostenidas por algunos miembros de la nación en construcción con el fin de que otras naciones reconozcan su genuina condición de nación, garantizándole la autonomía y otros derechos. El fundamental en este punto es darnos cuenta que las naciones sólo existen en el contexto del nacionalismo. La «nación» es una forma particular de pensar sobre el que significa ser un pueblo, y sobre como un pueblo, definido así, puede encajar en un sistema mundial más amplio. […] No hay una manera objetiva de determinar qué es una nación. No existen indicadores oportunos, independientes de las reivindicaciones hechas en nombre de las pretensas naciones y de los procesos políticos por los que reïxen o fracasan. Ciertamente, esto no ha impedido que ciertos actores políticos o cientificosocials tratan de establecer los indicadores objetivos del que serían naciones «llenas», «reales» o «históricas (p.149)

…que son las que propone en las páginas siguientes. Nos explica que los movimientos secesionistas acostumbran a ser el fruto de una carencia de integración nacional, de un fracaso del proyecto integrador. Y en este sentido, el discurso nacionalista abraza tanto movimientos de unificación y pannacionalistas como movimientos secesionistas o desintegradores. Aquí es donde nos dice cómo se usa el discurso nacionalista con una voluntad de integración nacional, la tradición cultural y la oposición a otros estados.

El discurso nacionalista, pues, puede ser empleado, igualmente, al servicio de la unificación y de la secesión. Su atención está centrada, generalmente, en el ajuste de un estado con una nación supuestamente preexistente; el alcance de la unidad nacional no está determinado por la forma del discurso nacionalista. Se trata de un contenido aportado, en gran medida, por la relación entre la integración nacional, la tradición cultural y la contraposición a otros estados dentro del sistema mundial. Por lo tanto, centrarse en sólo uno de estos elementos, excluyendo los otros, sería un error .

Calhoum, Craig (2008) Universalismo y localismo a Nacionalismo , Editorial Asuntos, Valencia, pp.131-153

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