Pero antes o después, los intentos por instaurar el ideal de ciudad se enfrentan a la cuestión de la legitimidad ideológica que los sustenta y a la que sirven

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Textos para leer la vida en la ciudad

¿Afecta la arquitectura de una ciudad al ánimo de sus habitantes? ¿A quién sirven las ordenanzas que rigen la convivencia?

18/05/15 · 8:00
Edición impresa
Biblioteca portatil. / DANIEL HORACIO AGOSTINI

[Este artículo pertenece a la revista Cercanías, editada por La Marea y Diagonal, que puedes comprar en tu quiosco o aquí]

En la ciudad del mañana es un intercambio epistolar entre Brigitte Reimann (escritora, 1933-1973) y Hermann Henselmann (arquitecto, 1905-1995) publicado por Errata Naturae. El libro arranca con las críticas recibidas por la autora a raíz de un artículo publicado en 1963, en el que se formula la pregunta :“¿Se puede besar en Hoyerswerda?”. A Reimann le llueven las críticas por su intento de abrir el debate sobre cómo deberían de ser las ciudades, partiendo de la que ella misma habita. “A mí me produce malestar físico caminar por la ciudad. […] Trato de saber hasta qué punto la arquitectura de una ciudad afecta al ánimo de sus habitantes, y me parece que contribuye a conformar el alma en la misma medida en que la literatura y la pintura, la música, la filosofía y la automatización”, le escribe a Henselmann. Son múltiples las reflexiones sinceras y abiertas que toman cuerpo en estas cartas, reducto privado, espacio de confianza al margen de la opresiva política en el contexto de la RDA. Pero antes o después, los intentos por instaurar el ideal de ciudad se enfrentan a la cuestión de la legitimidad ideológica que los sustenta y a la que sirven. De este modo, Miquel Fernández González, en Matar al chino. Entre la revolución urbanística y el asedio urbano en el barrio del Raval de Barcelona (Virus Ed.) propone centrarse en la epistemología del bien, como fuente de las diferentes culturas de control.

El urbanismo, en tanto que técnica de intervención social, “oculta amplias estructuras de poder e intereses económicos bajo la retórica del bien público”. Centrándose en el caso de la regeneración urbanística del Raval desde 1980, Fernández González recupera una visión de lo cotidiano vinculada a las transformaciones urbanas más amplias. Una investigación, como afirma el autor, sobre la “violencia del orden” que se presenta como neutral, desenrollando la alfombra roja conceptual cuya trama la conforman nociones como misericordia, higienismo, salubridad, urbanismo, rehabilitación/recuperación, civismo o progreso. El civismo del que habla el autor, concepto anclado en la tradición colonialista, es recogido por el Grupo de Estudios Antropológicos La Corrala en ¿Por qué no nos dejan hacer en la calle? Prácticas de control social y privatización de los espacios en la ciudad capitalista. Partiendo de la Ordenanza Cívica de Granada, se incide en cómo las ordenanzas obedecen a una lógica de atribución del desorden a grupos particulares en lugar de pensar que el propio espacio público es producto del conflicto, dado que se construye mediante unos conflictos socioeconómicos concretos.Las ordenanzas, mantendrá el colectivo, legislan desde presupuestos de tolerancia cero, invisibilizando que los conceptos de habitabilidad, movilidad y espacio público sobre los que se basan equiparan “el espacio público al consenso, la coherencia y la universalidad, relegando el pluralismo, el conflicto, la división y la diferencia al ámbito de lo privado”. Partiendo de dos momentos concretos, como son la detonación controlada del complejo residencial Pruitt-Igoe y el derrumbe de las Torres Gemelas (obras del arquitecto Yamasaki), Viaje al final de la ciudad. La metrópolis y las artes en el otoño posmoderno (1972/1911), de Leonardo Lippolis (Enclave Ed.), despliega una enriquecedora cartografía de lo que el autor llama dialéctica entre la distopía catastrófica en curso (abordada por filósofos, sociólogos urbanos, novelistas o cineastas) y la voluntad de los artistas por encontrar un refugio en las heterotopías urbanas. Un incisivo recorrido que denuncia que la condición existencial de las ciudades está caracterizada por la precariedad, la inestabilidad y la inseguridad, así como que la vida en éstas está organizada en función de las necesidades de los diferentes ciclos de producción.

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