El oscuro antecedente de la Guardia Urbana de Barcelona, la Ronda d’en Tarrés

De ladrón a policía

El agente Jeroni Tarrés y su grupo patrullaban de noche por Barcelona con impunidad

Pasaje de Sert esquina con la calle de Sant Pere més Alt / ENRICO BARAZZONI

A mediados del siglo XIX mandaba en España el ala moderada del liberalismo, mientras en la capital catalana cada vez eran más numerosos los republicanos. Para luchar contra esta situación, el Gobierno decidió recurrir a una guerra sucia que se llevó muchas víctimas por delante.

En 1848, Manel Gibert organizaba la Comisaría Especial de Vigilancia de Barcelona, una de cuyas secciones era la ronda nocturna dirigida por el comisario Ramón Serra i Monclús. Inicialmente, esta patrulla estaba integrada por 20 agentes, pero un año después el marqués del Duero amplió la plantilla a 30 hombres, dependientes directamente del gobierno militar. Tenían una asignación de 126.000 reales (una auténtica fortuna), y entre 1848 y 1850 habían realizado unas 1.500 detenciones. Desde el primer día se denunciaron numerosos casos de torturas y palizas. En las cárceles no cabían los presos políticos, y muchos de ellos eran deportados a América.

La cuadrilla no tardó mucho en ser bautizada como la “ronda de Tarrés”, en alusión al sanguinario ayudante de Serra i Monclús. El agente Jeroni Tarrés era un asesino reincidente, un ladrón habitual, un proxeneta y un confidente de la policía, a quien se encargó que reclutase a un grupo de criminales dispuestos a todo por dinero. Con total impunidad y carta blanca de las autoridades, este grupo patrullaba de noche las calles de Barcelona, agrediendo a los líderes obreros. Detenían a la gente de madrugada, entre bastonazos y patadas, y reventaban actos públicos del partido rival.

La muerte de Cuello desencadenó el primer juicio contra la ronda nocturna en la ciudad

En 1851 hubo elecciones generales, las más reñidas que había conocido nuestra ciudad. Por primera, vez los republicanos habían obtenido diputados. Entre sus principales partidarios estaba Francisco de Paula Cuello, un joven periodista de 27 años, colaborador de Abdó Terrades y director del periódico El Republicano. La noche de San Juan de ese año, Francisco había salido con unos amigos a celebrar la verbena, cuando se cruzaron con un grupo de hombres armados con bastones en la esquina de las calles de Sant Pere més Alt con Basses de Sant Pere. Los desconocidos les cerraron el paso, al tiempo que les insultaban. Los jóvenes fingieron no oírles, pero los otros siguieron provocándoles hasta estallar una pelea. Enfrentados con bastones y los puños, a una señal aparecieron más desconocidos armados con navajas. Cuando cesó el combate, en la calle de las Basses de Sant Pere había cuatro hombres heridos en medio de grandes charcos de sangre. Uno de ellos presentaba siete puñaladas por todo el cuerpo, era Francisco de Paula Cuello, que moriría poco después en su domicilio de la calle de la Unió.

Según el periodista decimonónico Conrad Roure, su entierro fue el más multitudinario y concurrido de todos cuantos se habían celebrado en Barcelona. La población identificó inmediatamente a los agresores y salió a protestar a la calle, convirtiendo el entierro en un acto político. El cadáver fue transportado entre una multitud que le echaba flores y entonaba La Marsellesa. La comitiva tardó una hora en llegar a la calle de Ferran, y otra hasta el cementerio de Poblenou. Durante todo el trayecto, balcones y ventanas estuvieron cubiertos de crespones negros y morados. Su muerte desencadenó un primer juicio contra la ronda nocturna. Se juzgó entre otros a Pere el Carrinclé, Francesc el Noi y Sureda el Gravat, aunque se les condenó a ridículas penas de dos y cuatro meses de arresto mayor.

Tarrés se convirtió en un personaje popular e inspiró obras de teatro que estuvieron años en cartel

Jeroni Tarrés no tuvo tanta suerte y fue procesado por el asesinato —también en 1851— de Francesc Tubert, el Ros d’Espolla. Fue condenado a 14 años de cárcel, que cumplió en diversas prisiones hasta que en 1859 le permitieron alistarse y morir en combate junto al cuerpo de voluntarios catalanes del general Prim, que atacó y hostilizó el norte de África durante la guerra de Marruecos. Poco antes, en 1853, la ronda había sido sustituida por una facción todavía más secreta de la policía.

Tarrés, con quien el cantante Joan Manel Serrat jugó invirtiendo su apellido, se convirtió en un personaje muy popular. En 1871, Ermengol Marqués estrenó su obra en dos partes La Ronda d’en Tarrés. Una década más tarde, Antoni Altadill se basó en él para sus piezas teatrales Jerónimo Tarrés y El presidiario de Ceuta, que estuvieron muchos años en cartel en el teatro del Odeón. Todavía en 1911 se publicó un folletón anónimo titulado De ladrón a policía. Aventuras del jefe de ronda Gerónimo Tarrés, uno de cuyos curiosos ejemplares se conserva en la Biblioteca de Cataluña. Y 60 años después de sus crímenes, el hampón barcelonés aún despertaba una curiosidad malsana entre sus paisanos.

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