Sociología radical libre. El análisis de la sociedad según Erving Goffman

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“Creo que todos estamos de acuerdo en que nuestro trabajo consiste en estudiar la sociedad. Si se me preguntara por qué y hasta qué punto, yo respondería: porque está ahí. Louis Wirth, a cuyas clases asistí, hubíera encontrado esta respuesta desastrosa.

Él tenía otra, y desde sus tiempos ha sido la normal. Y es que yo creo que la vida social humana existe para que la estudiemos con métodos de naturalista, sub specie aetemitatis. Desde la perspectiva de las ciencías físicas y biológicas la vida social humana es sólo una costra irregular en la cara de la naturaleza, no especialmente susceptible de análisis sistemático profundo. Y así es. Pero es nuestra. En este siglo, con pocas excepciones, sólo los estudiantes han conseguido mantenerse firmes en este punto de vista, sin piedad ni necesidad de tratar problemas tradícionales. Sólo en los tiempos modernos se forma a los estudiantes universitarios para que examinen todos los niveles de la vida social meticulosamente. Yo no soy de los que piensan que nuestras afirmaciones hasta el momento se pueden fundamentar en logros espectaculares. En realidad he oído decir que podríamos estar contentos sí nos cambiaran todo lo que hemos producido hasta ahora por un par de buenas distinciones conceptuales y una cerveza fría. Pero tenemos una cosa que no debemos cambiar por nada del mundo: la facilidad para mantener un espíritu libre e independiente frente a cualquier elemento de la vida social y la cordura para buscar sólo en nosotros y en nuestra dísciplina esta aspiración. Esta es nuestra herencia y lo que nosotros legaremos. Si hay que autorizar las necesidades sociales, que sean análisis independientes de los acuerdos sociales de que disfrutan aquellos con autoridad institucional: sacerdotes, psiquiatras, maestros de escuela, policías, generales, líderes gubernamentales, padres, varones, blancos, nacionales, propietarios de medios de comunicación y todas las demás personas bien situadas que están en condiciones de dar su visto bueno oficial a las versiones de la realidad.

Erving Goffman, (1991) “El orden de la interacción” Los momentos y sus hombres, Paidós, Barcelona, pp. 204-205

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