Y una cosa lleva a la otra…o de las imprevisibles consecuencias de una mala corrida

“El 22 julio, después de que resultara mala una corrida de toros que las autoridades habían organizado para celebrar el cumpleaños de la reina borbónica Isabel II, se destrozó la plaza de toros El Torín, de la Barceloneta, situada delante de la fortificación de la Ciutadella, que era en gran parte de madera, y la gente salió en manifestación dispuesta a gritar su rabia.

El pueblo, que estaba por otros motivos más serios malhumorado y ardía en deseos de mostrar y desahogar su cólera, la manifestó». Los amotinados se encaminaron hacia La Rambla gritando «¡El bou gros! ¡el bou gros!», mote por el que se conocía popularmente al Capitán general de Catalunya en ausencia y ministro de la Guerra, general Llauder. A la voz de: «¡Visca la Llibertat!, ¡¡Morin els frares!!», fueron atacados, aunque no pudieron ser quemados, los primeros conventos con que la gente se topó: el de la Mercè, el de los Franciscanos y el de Santa Mònica.”

 

Abel Paz (coord.) La Barcelona Rebelde. Guía d’una ciutat silenciada

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