La intimidad concebida como una relación de trueque. El entrevistador

 El narcisismo y el trueque de autorrevelaciones estructuran las condiciones bajo las cuales la expresión de sentimiento en circunstancias íntimas se vuelve destructiva. Hay una búsqueda incesante de gratificación y al mismo tiempo el yo no puede permitir que la gratificación tenga lugar .

“Con frecuencia, en sus primeras sesiones, los entrevistadores debutantes se muestran ansiosos por demostrar que ellos consideran a sus sujetos como a verdaderas personas y no como a meras «fuentes de datos». Los entrevistadores desean tratar con sus sujetos como iguales haciendo descubrimientos en forma conjunta. Este encomiable deseo produce una situación inicial singular: cada vez que el sujeto revele algún detalle o sentimiento de su vida privada, el entrevistador le corresponderá revelando algún detalle de la suya propia. Tratar a alguien como a una «verdadera persona» en esta situación se transforma en algo así como una transacción de intimidades: te muestran un naipe, tú les muestras otro.”

Los entrevistadores tienden a apartarse de este mercado de revelaciones mutuas cuando comienzan a percibir que, exponiéndose ellos mismos, están perdiendo la oportunidad de descubrir los sentimientos del sujeto. Esta oportunidad se presentará si el entre-vistador formula preguntas, o tan sólo si permanece en silencio, esperando que la otra persona continúe con su relato. Luego de un tiempo, los entrevistadores sensibles comienzan a sentirse incómodos con la idea de que para tratar a alguien como a un igual emocional se debe mantener con él una relación recíproca, revelándole algún dato como forma de reacción frente a aquello que la persona nos muestra. Y en este punto los entrevistadores se encuentran en la senda que discurre desde una idea de intimidad basada en un trueque hacia una intimidad más auténtica. En ella, los límites del yo no están aislados sino que pueden estimular efectivamente la comunicación con los demás.

Los entrevistadores reciben sus nociones iniciales de intimidad como un trueque a partir de los supuestos que rigen a la gran sociedad. Si las personas se hallan tan próximas entre ellas hasta el punto de que se conocen realmente, entonces el conocimiento interpersonal se transforma en una cuestión de revelación recíproca. Cuando dos personas se encuentran al margen de estas revelaciones, y el mercado de intercambio ha tocado a su fin, la relación concluye inmediatamente. Se agota porque «ya no hay nada que decir», cada persona «da por supuesta» a la otra. El aburrimiento es la consecuencia lógica de la intimidad concebida como una relación de trueque. Esta debilitación complementa perfectamente la convicción narcisista de que todas las gratificaciones que uno recibe en un momento determinado no son todas las que podría recibir o, a la inversa, de que uno no está sintiendo lo bastante como para que la relación sea «real».
El narcisismo y el trueque de autorrevelaciones estructuran las condiciones bajo las cuales la expresión de sentimiento en circunstancias íntimas se vuelve destructiva. Hay una búsqueda incesante de gratificación y al mismo tiempo el yo no puede permitir que la gratificación tenga lugar .

Sennett, El Declive… (p. 33- 35)

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