La crítica de Polany a “la economía” o de cómo una teoría se convirtió en realidad

En El lugar de la economía en la sociedad, Karl Polany comienza realizando una crítica al homo aeconomicus. Se apoya en los Comte, Marx, Weber, etc.. para defender que todo proceso social se constituye de “ser humano” en tanto entidad biológica y la estructura de símbolos y técnicas en torno a las cuales se desarrolla su existencia (pág. 285, II).

Continúa con la reconstrucción de los postulados según los cuales el ser humano se guía siguiendo unos principios de racionalidad económica; principios que configuran el paradigma en el que estamos aún inmersos. La historicidad de la disciplina económica y su surgimiento durante el siglo XVIII en el mundo occidental, son los siguientes puntos de su análisis que acaba poniendo en duda la pretensión de universalidad de los axiomas criticados anteriormente. Añade que no existe necesariamente relación alguna entre la acción economizadora y la economía empírica(Pág. 286, II)

Se puede intuir aquello que va ir señalado en las páginas sucesivas: cómo el término “economics” se apropiado de un espacio de la realidad, cómo una teoría se “ha hecho real”; cómo se ha erigido una disciplina, que es una mirada –el principio de una relación dialéctica- y se ha transfigurado perversamente en una existencia positiva, es decir, en una creencia sobre el cómo son las cosas, cuándo se olvida que éstas son una ilusión lista para aprehenderlas y no mera realidad. Es lo que desde Berger y Luckman ( La Construcción social de la realidad; 2ª ed. Buenos Aires : Amorrortu. Madrid : Murguia, 1972) se ha venido ha llamar procesos de objetivación, a través de los cuales, determinados aspectos de la realidad parecen tener una existencia independiente de nuestra volición.

Acaba el capítulo afirmando que esta “economía” no es la única institución económica –entendiendo ésta como cualquier proceso para satisfacer necesidades materiales (pág. 287, II). Hasta el último párrafo del texto llega diciendo brillantemente que hemos de desprendernos de la arraigada creencia de que la economía es un campo de actividad del que siempre han sido conscientes los seres humanos (Pág. 288, II). Con esto apunta el motivo del siguiente capítulo: proponer un análisis institucional de las relaciones sociales en la que está inserida la economía con el objeto de dilucidar las formas en qué los seres humanos se procuran el sustento.

El siguiente capítulo, la economía como actividad institucionalizada se plantea con el objetivo de determinar el significado que se le ha de atribuir al término económico en todas las ciencias sociales (Pág. 289, I). Establece una distinción de significados: el real o cómo el ser humano se procura el sustento y el significado formal o la lógica que sigue del uso de la elección de los diferentes medios disponibles para satisfacer las múltiples necesidades.

A continuación desgrana el concepto de acción racional, según éste una acción racional seria aquella que, para un alcanzar un determinado fin –cualquiera que sea- se escogen los medios más adecuados. La lógica de la acción racional tiene cabida en cualquier actividad humana. El principio básico para llevar a cabo esta lógica es la escasez de medios, principio que el autor pone evidencia con sencilla maestría concluyendo que es fácil observar que existe elección de medios sin escasez y escasez de medios sin elección ((Pág. 292, III); así señala que la disciplina es el resultado de la aplicación de la economía formal al sistema de mercado, que dotado de las instituciones necesarias “construye” la lógica de la escasez de medios y su consecuente elección racional. El mercado como creador de precios introduce todos los bienes en éste de forma que adquieran valor cuantificable y susceptible de intercambio con lo que el propio poder de compra convierte el proceso de satisfacción de necesidades en una asignación de recursos escasos (Pág. 293, II).

Todo esto lleva al autor señalar cómo la utilización del significado formal de economía, mediante el proceso de reificación señalado, presenta la economía como aquel conjunto de actos mediante los cuales se llevan a cabo elecciones racionales en situaciones de recursos limitados. Para mostrar el estado de necesaria contingencia en el que el significado formal y el real se encuentran utiliza el ejemplo de las economías planificadas fundamentadas en precios sin relación con el mercado y por lo tanto con la abundancia o escasez de bienes.

Para Polany, la economía real, que tiene su base en la economía empírica es una actividad institucionalizada de interacción entre el hombre –o mujer, suponemos- y su entorno que da lugar a un suministro continuo de medios materiales de satisfacción de necesidades (Pág. 293, IV).

Su posterior digresión le lleva a constatar que aquello que hace que la economía sea, precisamente, un actividad de importancia trascendental es su carácter institucional, pues, como señala el párrafo anterior, la simple relación entre el ser humano y su medio para alcanzar un fin no es “economía” puesto que no es sino con la institucionalización que a ésta se le confiere continuidad, estabilidad y repetición permitiendo que venza el límite de lo puramente individual para constituirse actividad esencial de la vida humana. El tercer párrafo de la página 295 resume el significado de la institucionalización de la economía.

Así, y respondiendo a la pregunta inicial del capítulo, afirma que el objeto de una disciplina que estudie la economía es el cómo está institucionalizada la actividad económica en diferentes épocas y lugares.

El siguiente apartado lo centra alrededor de los elementos que configuran en la institución económica la unidad y la estabilidad, que son el fruto de la combinación de pocas pautas que se pueden llamar formas de integración (Pág. 296, I); las principales son la reciprocidad, la redistribución y el intercambio. Estas pautas se pueden llevar a cabo a nivel personal, aunque el autor argumenta que es precisamente su carácter estructural lo que dota sentido dichos elementos como constitutivos de una institución económica.

En los párrafos siguientes nos explica cómo la reciprocidad requiere de estructuras previas; la reciprocidad se encuentra en épocas y lugares distintos, adquiriendo formas diversas, sus sanciones al desviarse de la norma y concluye que esencialmente el rasgo común de esta pauta lo encontramos en:

El parentesco, la vecindad o el tótem son las agrupaciones mas permanentes y amplias; dentro de ellas, asociaciones voluntarias o semivoluntarias de carácter militar, profesional, religioso o social crean situaciones en las que, por lo menos transitoriamente o de forma limitada a una determinada localidad o situación típica, se pueden formar agrupaciones simétricas cuyos miembros practican alguna forma de reciprocidad. (Pág. 299, I)

La redistribución tiene en todos los casos –observados- el mismo principio: concentración de productos hacia un centro y distribución a partir de éste. Por último el intercambio, para servir como forma de integración requiere un sistema de mercados creadores de precios; con lo que distingue tres tipos de intercambio: un cambio de lugares de los bienes; un intercambio de equivalencia fija; o uno de equivalencia negociada. La preeminencia de cada uno de estos tipos de intercambio sobre el otro se dan según lugares y tiempos. Los últimos dos párrafos del apartado sirven para criticar la tesis de las etapas del desarrollo económico tipo marxista. (Pág.301, III).

El apartado final propone una “visión real” sobre la economía señalando lo restrictivo de la perspectiva “economics” a la hora de interpretar las instituciones económicas. Primeramente critica el uso conjunto a nivel analítico del comercio, el dinero y los mercados. Así critica magistralmente el comercio desde la perspectiva cercenada (Pág. 303, III) repasa históricamente el elemento y dibuja tres tipos: comercio de presentes; administrativo y mercantil (Pág. 307, IV), éste último sería el característico de las sociedades modernas. Finaliza el apartado apuntado cual debe ser hoy el interés del historiador económico que se ha desentendido del embadurnamiento de “La teoría económica”: responder a cómo y cuándo se relacionan comercio y mercados y en qué época surge el fenómeno que conocemos como comercio mercantil.

El mercado y el intercambio no son entidades idénticas -como se sugiere desde el economicismo- sino que el primero sería la institución reguladora y el intercambio la relación económica. Esta confusión ha dado lugar a un doble malentendido. En primer lugar, «la oferta y la demanda» aparecían como fuerzas elementales combinadas, mientras que, en realidad, cada una de ellas estaba cons­tituida por dos componentes muy distintos, es decir, por una cantidad determinada de bienes y por cierto número de personas, relacionadas con aquéllos como compradores y vendedores. En segundo lugar, «la oferta y la demanda» parecían inseparables como hermanos siameses, , mientras que en realidad formaban grupos distintos de personas, según dispusieran de los bienes como recursos o los buscaran como necesidades. Por consiguiente, las multitudes oferentes y demandantes no tienen porqué presentarse juntas.

Por último señala que con el dinero también ocurre algo parecido; primero desmiente que la definición de dinero sea indisoluble de la de mercado. Él llama al dinero en términos de medio para la equivalencia. Originariamente el precio no era fluctuante –tal y como desde “La teoria” se pretende, sino que era una cantidad rígidamente fijada indispensable para el comercio; los precios fluctuantes tiene una corta vida.

Concluyendo: la tarea fundamental es desembarazarse de los conceptos de “La teoría económica” con la intención de tratar mejor problemas tan fundamentales […] como el origen de los precios fluctuantes y el desarrollo del comercio de mercado (Pág. 315, II).

En Polany, Karl, “El lugar de la economía en la sociedad” y “La economía como actividad institucionalizada” en Polany, Karl; Arensberg, Conrad, M.;Pearson, Harry W., Comercio y mercados en los imperios antiguos. Ed. Labor: Barcelona, 1975.(pp. 289-316

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